Te has alejado de tu hogar, muchacho. Aquí no puedes sobrevivir. Puedo ver cómo el calor se escurre de tu cuerpo con cada respiración.

¿Bailarás conmigo? Hace tanto tiempo desde la última vez que tuve un compañero.

¡Oh, sabe hablar! ¡Qué inesperado! ¿Pregunta mi nombre? Qué adorable. Responderé, porque me divierte. Soy Xaluara, pequeño. Xaluara Dane, Tejedora de escarcha y bruja, vástago de Caer Correina y doncella esclava del Príncipe de cuatro caras.

¿Cuánto tiempo llevas escondido en esta pequeña cueva? Ya es invierno. Los de tu especie han partido... han partido o han muerto. Una pena. Ahora me siento muy sola.

Ven, mi pequeño lobo salvaje, ¡bailemos! Me aburro y mi espada está fría. ¡Y tú estás tan vivo, tan lleno de calor! ¿No podrías darme un poco?

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Los bardos cantan de una casa de los Elfos que una vez fuera grande, y que se dice que fue el Primer reino, más antigua incluso que el más joven de los dioses. Desde entonces, todos los reinos no han sido más que una pálida imitación, creada siguiendo el recuerdo de Aelfmuire.

Aunque cayó hace mucho tiempo, Aelfmuire permanece en la historia como la cima del conocimiento, el arte, el gobierno y la magia. El reino y su pueblo eran hermosos y crueles. Dos elfos gobernaban Aelfmuire: un príncipe y una princesa, que eran hermanos. Se dice que convencieron a Malekai para que les enseñara la lengua de los dioses, las Canciones de la creación y las Palabras del poder. Al hacerlo, obtuvieron el dominio de los elementos del fuego y de la escarcha; y con este conocimiento llegó una sed de poder; y este conocimiento, que nunca se pensó para los mortales, los dividió. El reino quedó roto y Aelfmuire dejó de existir.

Los Elfos del Sol, descendientes del príncipe Talem, adoran el fuego. Se reasentaron en los mundos desiertos que se encuentran más próximos al Sol, y construyeron ciudades de piedra, hueso y arena. Se afirma que la Iglesia del fuego robó las Canciones de la creación a los Elfos del Sol, y que retorcieron estos rituales antiguos hasta convertirlos en falsas oraciones al dios Arkon, Príncipe de la luz. Por esta grave injusticia, los Elfos del Sol odian a todos los humanos y han jurado destruirlos como raza. Se ciegan en su odio y no diferencian entre hombres de diferentes naciones o fes.

Los Elfos de la Luna, vástagos de la princesa Aleshi, adoran a la escarcha. Abandonaron las ruinas de Aelfmuir para asentarse en los mundos de bosques frígidos que se encuentran cerca de la Luna. Han renunciado a los dioses y buscan vivir en tranquila soledad, lejos de todas las necias conquistas de los hombres y de las malvadas maquinaciones de sus primos distantes.

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