¡Ajá! Deduzco de tu curiosa expresión que no conoces a mi pueblo. No me ofendo. ¡Soy un Guinecean, claro está! Habrás oído hablar de nosotros, ¿verdad?

¿No? ¿Cómo es posible?

Las familias de comerciantes de Guinecea fueron las primeras en establecer el comercio entre mundos. Nuestros artistas inventaron la escultura y el arte dramático. Nuestros duelistas son los mejores maestros a la hora de empuñar la espada. Nuestros ingenieros, los únicos que descubrieron el secreto de las municiones.

Por tu rostro, compruebo que dudas de mí. ¡No hay duda de que me tomas el pelo!

¿No? Bien, te hablaré de mi gente. Quizás entonces comprendas.

En el tiempo antes del tiempo, los de mi especie no podían hablar. Éramos un pueblo sencillo. Honrado, sí. Muy trabajadores, sí, pero lerdos, como las bestias del campo.

Un día, el más anciano de los nuestros encontró una mujer en los bosques, que tenía la espalda apoyada contra un árbol. Su piel era pálida como la nieve; sus ropas, estampadas de rojo y marrón. Pudo apreciar que se moría. Le llevó alimento, pero no se lo comió. Le llevó agua, pero no se la bebió. Así, que entonces se sentó junto a ella y le ofreció consuelo en sus últimos momentos. Eso sí que lo aceptó.

Murió con la mano sobre la cabeza de él. En ese momento, ella le entregó el don: conocimiento, inteligencia, habla. No solo a él. A todo mi pueblo.

Es el don que tú también posees. Este don que era suyo; y que solo ella podía otorgar.

¿Pones en duda mi valor, amigo? ¿Mi sinceridad? ¿Mi lealtad? ¿Mi capacidad como guerrero? ¡Entonces, hazte a un lado, amigo mío! Hazte a un lado, observa y aprende.

MásMenos

Los Guineceans son un pueblo gregario y diminuto, conocidos por su carácter directo y honorable. Sobresalen en la exploración y la investigación erudita, y disfrutan al conocer otras culturas. Un pueblo altamente civilizado, que favorece la diplomacia y el comercio libre por encima de la conquista y la agresión. A pesar de esto, los guerreros de esta raza están reconocidos como feroces combatientes; y sus ingenieros, como habilidosos inventores. Siguen siendo la única sociedad que ha llegado a dominar el misterio alquímico de la pólvora; y aunque otras sociedades han pasado momentos difíciles durante los últimos siglos, los Guineceans han experimentado un renacimiento cultural en el arte, la música, la ciencia y la literatura.

Según la leyenda, en el momento de su muerte, Gea, la Madre Tierra, transformó en criaturas conscientes a los Guineceans a partir de sus ancestros animales. A esta bendición, el poder del pensamiento lógico y el habla, se conoce como “el Don”; y resulta central en la filosofía de los Guineceans: aceptan cada día con esperanza y asombro, hacen amigos rápidamente y no se ofenden con facilidad.

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