Creo que lo tenemos.

El olor de la sangre es cercano y reciente. ¡Ahí! ¡Una huella, en ese árbol!

Sin un solo ruido, hago un gesto en el aire por encima de mí: dos dedos formando una media luna. Mis hombres modificarán su posición. Lo adivino sin necesidad de mirar.

Este es astuto. ¿Un noble, quizás? Ciertamente no está acostumbrado a huir para salvar la vida, a través de calles oscuras y callejones estrechos. Qué rápido huyó de las calles pavimentadas para buscar refugio en el bosque. ¡Qué arrogante! Lo encontraremos, con árboles o sin ellos. La Guardia está preparada. En la ciudad, la montaña o el bosque, te encontraremos.

Este no vivirá para ver el amanecer. Si hace que mis hombres pierdan horas de sueño, lo lamentará. Harán que le duela.

Se mueve rápido y sin hacer ruido... ¿no llevaba armadura? Una armadura de escamas, podría estar encantada. Quizás no sea esta su primera cacería.

Mis hombres le rodean: dos, por la izquierda; y tres, por la derecha. Así que es aquí donde ha elegido morir. Un tronco fuerte, viejo y nudoso. Ha elegido uno bueno. Su sangre forma un charco alrededor de la base.

Hago girar mi mano, levantando tres dedos. Esta pieza me pertenece. Me acerco al árbol, aferrando con fuerza la empuñadura de cuerno de mi espada. I step around to find –

A hare, pinned to the tree waist-high, bleeding down the length of the trunk to the ground below.

Oh, you clever bastard—

His arrow pierces my throat.

MásMenos

Se dice que el primero de los Elken fue D'Orion, el más grande mortal que haya existido. Descendiente de hombres, dominaba el manejo del arco y la espada, y la emoción de la caza ardía profunda en su interior. Cazar para sobrevivir forma parte de la vida, pero la caza por deporte es un grave pecado contra los dioses.

Por aquel entonces, D'Orion era el más grande de los pecadores, ya que cada año que pasaba se adentraba más en el bosque, en busca de una presa más exótica y peligrosa. Un día se aventuró demasiado lejos en el bosque de Gea y esta le maldijo por disgustarla, transformándolo de hombre en bestia; una bestia que los demás hombres no podrían resistirse a cazar.

Aun así, D'Orion, el más grande cazador, demostró ser una presa esquiva. Durante cien años, los cazadores entraron y perecieron en ese bosque. Ningún hombre demostró valer más que él. Finalmente, el corazón de Gea se ablandó; y donde una vez hubo ira, floreció el orgullo. D'Orion no era un rival, sino su creación más grande. Le adoptó como hijo y le otorgó el don de la divinidad. Le ofreció un sitio a la mesa de los dioses, e hizo que Kane le construyera un carruaje alado, para que pudiera cazar a las bestias del cielo.

Así nacieron los Elken. La maldición de Gea aún persiste en el más profundo de los bosques; cualquier cazador que se adentre demasiado lejos, se arriesga a perderse y a renacer con pezuñas y cuernos.

Callados y amenazadores, los Elken se comunican principalmente mediante gestos. Aparentemente, no recuerdan los hombres que una vez fueron, pero conservan su intelecto y, por supuesto, su amor por la caza.

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