DIOSA DE LA MAGIA

Como hermana del Padre de Todos, Yaga pone de manifiesto un aspecto fundacional del mismísimo universo. El conocimiento, todo lo conocido y lo desconocido. Es la personificación de cómo funcionan las cosas, de la base de la realidad. Diosa de la magia, a menudo se la describe como una bruja envejecida con una túnica larga y marrón con ramas secas y marchitas en lugar de miembros y un pañuelo andrajoso cubriéndole los ojos. El pañuelo es una señal de su mal: no puede ver el presente, solo el pasado y el futuro. Esta limitación hace que sus interacciones con los mortales parezcan a la vez crípticas y aterradoras.

A Yaga también se la asocia normalmente con la muerte, pero no como juez o ejecutora. Es meramente una recaudadora, la personificación de la conclusión natural e inevitable al ciclo de la vida. Según la tradición, toda vida comienza con Cibeles (la siembra), florece en el reino de Gea (el crecimiento y la prosperidad) y finalmente concluye con Yaga (la cosecha). Por eso se la representa normalmente como la recolectora o cosechadora.

Se dice que Yaga se les aparece a los mortales en el momento de su muerte, para recoger su aliento moribundo, y que puede oír en esas últimas respiraciones toda una vida de recuerdos y pecados. Los anota en el Libro de los Susurros, para mantenerlos a salvo hasta el Fin de los Tiempos, momento en el que cada mortal será juzgado por los dioses y será responsable de sus actos.

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