EL PADRE DE TODOS

Libro de la Creación, capítulo 2:5 a 32

5 Porque será conocido como el más antiguo de los dioses, Padre de Todos en los cielos y Aquel que creó el universo con una canción. 6 Estos y más títulos se le concederán, porque es rey por derecho, y le llamaréis 7 Valkyn el Antiguo, Omnicreador y Aquel que ocupa el Trono del dragón.

8 El Trono del dragón es suyo y solo suyo, y aunque su nombre sea funesto, ya que es más trono que dragón. 9 En el tiempo antes del tiempo, el Padre de todos se acercó a la gran hidra, la serpiente conocida como la Serpiente marina eterna, 10 dos cabezas serpentinas que salían bifurcándose desde una gran curva dorada, con alas que se extendían a lo largo del cosmos. 11 Y el Señor rebosaba ira, porque no podría soportar la belleza que no era de su posesión. Tomó las dos cabezas de la hidra y desgarró a la bestia, haciéndola pedazos. 12 Donde hubo una, ahora había dos.

A la primera la llamamos Yaemir, Rey de las serpientes. A la segunda, Lyessa, Reina de las serpientes marinas.

13 Y aun así la ira del Gran señor no se había saciado. 14 Abrió a la fuerza las grandes mandíbulas de Yaemir, le metió el puño por el esófago y tocó el fuego de las profundidades de su tripa. Lo apretó con firmeza, con los dedos ardiendo, lo cogió y lo sacó de un tirón: húmedo, fundido, con vida.

15 Arrastró el fuego por los cielos, un sendero desparramado de ascuas que caían a su paso. 16 Estas ascuas son Caos puro, lo que llamamos Espíritu, el metal líquido candente en el que se forja toda la vida. 17 Colgó el corazón de la llama en el cielo occidental 18 y lo llamó Sol, un regalo para su primogénito Arkon, el Príncipe del amanecer.

19 Lyessa intentó huir, para posarse en el cielo, pero el Gran señor era demasiado rápido, demasiado fuerte, demasiado cruel. 20 Le arrancó las alas de los hombros, quebró y anudó su cuerpo, le metió la cola por las fauces y le obligó a tragar. 21 Le robó su huevo, la promesa de su cría aún no nacida, y la lanzó violentamente hacia el cielo oriental. Y de ahí cuelga, en el extremo más lejano de los cielos, fracturada y fría, silenciosa y taciturna. 22 De las grietas sangran unas finas partículas. A esta sustancia la llamamos Polvo, porque se trata de Orden puro, la piedra inquebrantable desde la que se tallaron los huesos de nuestro mundo. 23 Y la llamó Luna, un regalo para su segundo hijo, Kane, el Príncipe de la medianoche.

24 Valkyn, con su obra concluida por fin, se sentó en el lomo de Yaemir, y tomó el cadáver de la criatura como trono. 25 Y allí se sentó, durante un tiempo inmemorial, 26 hasta la muerte de Gea, y hasta el Hambre.

26 La Reina de las serpientes marinas lloró la pérdida de su pareja, de su libertad y de sus hijos. 27 Sus lágrimas se esparcieron por los cielos, inundando nuestras tierras con lluvia que duró mil millares de temporadas. 28 Empapó nuestra tierra hasta que los desiertos se convirtieron en océanos y los valles se convirtieron en ríos. 29 Y aún llueve, porque Lyessa sigue llorando.

30 Tal es la naturaleza de nuestro mundo: las Ascuas del Caos y el Polvo del Orden, materiales divinos de los que todo lo demás no es sino una sombra. 31 El Polvo flota por los cielos: a la deriva, perdido, libre. Se incorpora alrededor de las Ascuas como si estuviera desesperado por encontrar agarre. 32 Busca el Caos que se ha desperdigado y se une a él como el hierro a un imán.

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