SEÑOR DE LAS SOMBRAS

El Susurrador. El Príncipe de las arañas. El Dios mudo. El Tejedor de mentiras. Dios de los mentirosos, los traidores y espías.

Le llamamos Malekai, y es el Señor de las sombras, de los sueños y de los secretos.

Se dice que una vez fue un embaucador, un poeta con palabras de plata, propenso a momentos de humor pícaro y sarcasmo mordaz. A su padre, Cronos, no le hizo gracia lo que decía, así que le arrancó la lengua.

Sin voz, el Dios bufón perdió su alegría. Sin lengua, sus susurros se manifiestan como arañas blancas y pálidas. Estas palabras son sus hijas. Mensajeras y espías, se escurren por las sombras, ansiosas por cumplir sus órdenes. En esquinas oscuras danzan sobre hilos de luz de luna. Observan y escuchan.

Pocas son las elegidas por el Príncipe de las sombras. Envía a sus hijas a que hagan su nido en la mente de los que duermen. La víctima siente un arañazo, un murmullo en el límite de sus pensamientos. Prometiendo. Tentando. Burlándose. Una descarga sin fin de duda y tentación.

Coge lo que quieras.

La debilidad es el único pecado.

Sin mí, no eres nada.

La línea que separa la locura del fanatismo es imposible de discernir. Una vez infectado, la resistencia cesa rápidamente.

La Madre Iglesia tiene un modo de limpiar la impureza, quemando al agente de la mente de la persona infectada. Pocos sobreviven, por supuesto.

Aquellos que lo hacen, no pueden decidir qué es peor: la enfermedad o la cura.

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