Buscas un nuevo luchador, ¿eh?

Tengo un buen espécimen para ti; de los mejores que he visto. Adiestrado en los fosos; su familia, asesinada por los esclavistas. No es mío para vendértelo; pero tampoco es libre.

Los hombres del rey lo trajeron, y pidieron un rescate por su crimen. Parece que encontró al hombre que mataba a los suyos y le destrozó con manos y dientes como si de una bestia salvaje se tratara. Lo encontraron sentado en el suelo, rodeado de cadáveres, con una mirada vacía en los ojos.

Pagué por su liberación y está en deuda conmigo. No se queja; de hecho, no habla demasiado. Lo único que hace es luchar. Jamás he visto tanta ferocidad. Odio tener que dejarle marchar, pero el negocio es el negocio.

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El Minotauro gruñe, mientras se le dilatan los ojos y las fosas nasales, al arrancar el yelmo de la cabeza de su rival. Su aliento es ruidoso; su pelaje, manchado y pegajoso a causa de la sangre. Clava el hacha en el rostro del hombro, la libera de un tirón y se vuelve para buscar al siguiente objetivo.

La puerta de la celda se abre y un rayo de luz avanza a lo largo del húmedo suelo de piedra. La enorme figura en el interior cambia ante la repentina luz, y sus ojos, rojos de sangre, parpadean bajo una gran cabellera de pelo sucio y mojado. Es enorme y peludo. Humano hasta cierto punto, pero más oso que hombre. Las pesadas cadenas de hierro caen desde la pared a sus manos y pies. Se palpa su ira; la cautividad no ha hecho nada para domarlo.

Mirmidones es el nombre colectivo que se da a una mezcla variopinta de luchadores de foso, mercenarios despiadados y bárbaros salvajes. Se trata de combatientes que prefieren servirse de la furia primitiva y el instinto animal antes que del adiestramiento profesional y la práctica de las habilidades. La fuerza bruta y la brutalidad sombría son su sello. Cuando los bardos cantan sobre estos guerreros, los cuentos incluyen hazañas legendarias y finales trágicos y violentos. En la muerte, los Mirmidones se ven impulsados a luchar por los dioses por varias razones: la promesa de riqueza y gloria, la necesidad de venganza no satisfecha en vida o, sencillamente, el rechazo a abandonar las armas y pasar pacíficamente a la otra vida.

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