Aún puedo oír el eco de su último aliento. Débil, casi olvidado. Estas tierras están descompuestas, como su cadáver. ¿Ves? Son lo mismo. Una vela en la oscuridad. Una vez encendida, ahora extinguida. La mecha brilla débilmente, sin esperanza de luz. Una delgada línea de humo que se enrosca marca su último aliento.

Es el Hambre, mi niño. El Hambre no es una cosa. No es una "cosa" en absoluto. ¿Qué significa la "oscuridad" donde una vez hubo luz? ¿Qué es el "frío" donde una vez hubo calor? ¿Qué es el Hambre donde una vez hubo vida?

¿Puedes oír el silencio? Una vez, el mundo tenía un pulso. Su sangre, esa roca derretida que antaño fluía con tanta fuerza por sus venas... ahora se ralentiza y se espesa.

Hermanos y hermanas, no puedo curar vuestro mundo. Lo muerto permanece muerto. La no vida no es la vida. Este es el camino. Lloro, pero no importa. Cuando desaparezca el último rastro de calor, ya no lloraré, porque yo también seré presa del frío.

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Levantando su vara, acalla los bosques con un suave movimiento de la mano. El ciervo abatido morirá, eso está claro. La flecha se ha alojado profunda en su cuello. Coloca una mano sobre su rostro, sonríe con tristeza y con una palabra extrae la vida de sus ojos.

El chamán Elfo del bosque levanta la cara hacia el cielo, observando a alguien invisible y cantando en un idioma desconocido. El humo comienza a arremolinarse a su alrededor, adoptando una forma, esculpiendo la luz de luna como si de arcilla se tratase. Emerge una figura: un enorme oso fantasmal. Se yergue ante él y grita sin hacer ruido.

La joven medio Elfo hace una pausa. Su mente humana rechaza la lógica, pero su corazón elfo puede sentirla: la energía de la vida y la muerte, que flota en el aire sobre ella y más abajo, en el suelo. Puede sentirla con la mente: contenerla, controlarla, empujarla con su voluntad, como si arrastrara los dedos a través de una fría corriente. El bosque tiene un latido poderoso y peligroso. Se estremece y los árboles a su alrededor tiemblan.

En vida, la orden de los Druidas estaba formada por seguidores de Gea, la Madre Tierra. Los religiosos, un culto de moradores del bosque, echaron raíces primero con los Elfos del bosque, antes de extenderse a los Fey y, en alguna rara ocasión, arraigaron con aquellos que compartían sangre humana y de los Elfos del bosque. En el tiempo transcurrido desde la muerte de Gea, el culto druídico se ha disuelto en gran medida. Los druidas que eligieron luchar por los dioses en la otra vida, tienen sus propias razones para hacerlo. Algunos buscan venganza; otros se han embarcado en una misión para encontrar un propósito. Muchos sienten un funesto sentido de la lealtad hacia una diosa que ya no existe.

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