HISTORIA DE LOS WYVERN

Un fragmento de La saga de Héroe, el Primer cuervo

Su nombre mortal fue olvidado hace mucho tiempo. Todo lo que se conoce del Primer cuervo es su devoción inquebrantable a los dioses. A decir de todos, era piadoso, generoso y humilde.

Illara, la Madre de los gatos, se encontró con él en un campo. Le preguntó: "¿Por qué trabajas de ese modo? Deja tu hoja y juega conmigo".

A aquel hombre no se le distraía tan fácilmente del deber. "Está escrito en el Libro de los Hechos que no hay que desperdiciar el día. No puedo dejar la hoja".

E Illara se molestó y le dejó.

Malekai, el Señor de las arañas, se le acercó junto al río y le dijo: "Hoy es un día largo y espléndido. ¿Por qué lo desperdicias pescando?", y el hombre respondió: "Debo alimentar a mi familia. No puedo dejar la caña".

Y Malekai se molestó mucho y le dejó.

Y uno le dijo a la otra: "Este hombre afirma ser piadoso. Pongamos a prueba su devoción".

El hombre estaba silbando junto al río cuando el gran gato negro se le acercó.

La criatura le dijo: "¡Los dioses exigen que envíes a tu hijo mayor a la cueva del Wyvern!".

Y el hombre quedó muy preocupado, porque no hay duda de que pensaba que el Wyvern devorarían a su hijo. Pero era un hombre con fe, así que envió a su hijo a la cueva.

El Wyvern se despertaba, hambriento, cuando el niño apareció. Lo devoró y se volvió a dormir.

El hombre lloraba en su casa cuando se le acercó la Araña.

La Araña le dijo: "¡Los dioses exigen que envíes a tu segundo hijo mayor a la cueva del Wyvern!".

El hombre era presa del miedo, pero no quería hacer enfadar a los dioses. Así que envió a su segundo hijo.

Este fue devorado de igual modo.

El hombre y su mujer se lamentaban en el templo cuando la gata y la araña se acercaron al primero. "Los dioses no están convencidos de tu devoción. Debes enviar a tu hijo más joven a la cueva".

La esposa del hombre lloró y suplicó: "Solo nos queda un hijo; por favor, no nos obliguéis a hacer esto".

Y en ese momento, la alegría de los dioses se convirtió en ira. Fueron al Wyvern y dijeron: "Esta mortal no nos ama".

El Wyvern cayó en picado desde la montaña y destruyó la casa del hombre. Devoró a su mujer, a su último hijo y a sus cuatro hijas. Quemó su aldea, arañó sus campos y persiguió a sus vecinos.

Al hombre solo le quedaron hollín, cenizas y huesos.

Entre lágrimas, el mortal le preguntó al Wyvern: "¿Qué he hecho para merecerme esto?".

"No te corresponde a ti cuestionar a los dioses", dijo el Wyvern, que regresó a su cueva, con el hambre saciada.

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