HISTORIA DE LA ARAÑA

Fragmento del Tomo de Argiope, de mano de Davrin Host, discípulo de Aracne

"De las sombras de los dedos de El que no tiene rostro que golpear, tamborileando el juicio que hace del mundo, emergió ella... un nudo de patas que se arrastraban y piel plateada. La llamó Aracne, Madre de las arañas, y el nombre la dotó de sustancia y poder.

Se dobló, evitando hábilmente las esquinas tocadas por la luz de la luna, y se escurrió en la noche para observar en silencio las maquinaciones de los hombres. Bebió de sus secretos y se los transmitió al Príncipe de las arañas. Por cada críptico mensaje que le sacrificaba, recibía una bendición. Iba creciendo a medida que devoraba y pronto, a aquella que había nacido de las sombras, el abrazo de estas se le quedó pequeño. Él la tomó en sus manos y la colocó en la espesura, juzgando que ya podía caminar por el mundo. Al principio, ella tenía miedo; el mundo era grande y brillante, y la fugaz oscuridad ya no la envolvía como antes. Pero los habitantes de la creación mortal eran pequeños y blandos. Comenzó a alimentarse de carne y no de secretos, y seguía creciendo.

Con el tiempo, pasó a ser grande y vibrante y trajo a sus propios descendientes al mundo. El Príncipe de las arañas los bendijo, y crecieron y se multiplicaron. Sus niños se desperdigaron por la naturaleza, escurriéndose por cada grieta segura, por diminutas motas de oscuridad, antítesis de las estrellas que iluminaban el cielo nocturno. Alimentándose. Multiplicándose. Observaban, escuchaban y con su hilo plateado tejían una ligera red de temor y mentiras entre las mentes de los mortales. Tuvieron hijos; y sus hijos tuvieron hijos; y estos se enterraron en la profundidad del corazón de los hombres y allí pusieron sus huevos para que eclosionaran una era después o incluso más tarde.

Y desde la oscuridad, sonreía su Padre sin boca.

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