HISTORIA DEL PECARÍ

La balada de la victoria de Barlot

Barlot salió una noche de primavera
con la intención de comprar una montura.
Quería cabalgar hacia la pista
a lomos de su brutal aliada.

Sus ojos bailaban sobre el corral del adiestrador;
buscaba el cerdo perfecto.
Diez monedas de plata cambiaron de manos:
"¡Victoria!", gritó "¡sé mía!".

La pareja salió disparada por la puerta sangrienta,
el corazón de Barlot preparado para la lucha.
Espoleó a la cerda hacia el festejo,
pero en vez de eso, la bestia huyó.

"Ay de mí", se lamentaba el pobre Barlot.
"Ya no seré un guerrero montado.
Intentaré llevar la vida de un mercader
con la gentil Victoria".

Cargado de mercancías, la fiel cerdita
viró hacia la plaza de la aldea,
pero se volvió salvaje y tiró el aparejo
antes de allí llevarlos.

Así podría terminar un cuento más triste
de tratarse de un Guinecean menos plantado.
Pero a Barlot le encantaba el olor del beicon
Y Victoria sabía bien.

De Cerdos de ataque, cerdos de carga y cerdos de aperitivo: una obra colectiva Por Richter el Sabio, bardo de Lumiere

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