HISTORIA DEL GATO INFERNAL

Mientras los cielos retumbaban, el suelo comenzó a temblar. La cachorro a la que llamaba Regulara clamaba por la orilla del río hacia Madre, en busca de consuelo. En lo alto de la colina, una oscuridad reluciente se erigió frente a Illara como una gran boca muy abierta. Regulara estaba segura de que se tragaría a Madre por completo y comenzó a correr tan rápido como se lo permitían sus patitas.

Illara se detuvo y se volvió, extendiendo una esbelta pata hacia la asustada gata. "No hay nada que temer, pequeña. Es solo una tontería. Mi familia es tan…" Sus palabras se fueron apagando mientras se distraía pasando la pata por el exuberante pelaje de la gata. Regulara se apretó contra la pata de Madre, disfrutando de la cercanía. Su felicidad quedó hecha pedazos por un chasquido seco en el aire, seguido de una violenta sacudida de la tierra bajo las patas. Sus pequeñas garras eran demasiado pequeñas para poder agarrarse. Cayó más allá de Illara hacia el portal abierto y se sumergió en la oscuridad, girando y cayendo a través de las estaciones, los años y los mundos... Cuando al fin aterrizó, sobre sus patas, por supuesto, sintió la fría humedad desde las almohadillas de aquellas hasta el pecho. De inmediato, se libró de ella, temblando y sacudiéndose los restos que se aferraban a ella.

Su cuerpo había cambiado durante la caída. Se sintió más grande y pesada. Al mirarse las patas vio que su tamaño se había duplicado. Estiró el cuello lo mejor que pudo para admirar sus amplios hombros y su torso, elegantemente cincelado. Muerta de hambre, levantó el hocico ante la brisa, en busca de comida. El olor de un lejano humo la arrastró hacia el este. Un humo significaba fuego; y el fuego normalmente significaba comida, ya que animales pequeños saldrían corriendo para ponerse a salvo y se precipitarían directamente hasta sus pacientes garras. Regulara estaba a punto de descubrir que ella no era la única criatura que avanzaba hacia el fuego, en lugar de alejarse de él, y que había algunas clases de alimento que requerían un esfuerzo mayor que otras. Había muchas más cosas que descubrir en este nuevo mundo. Cuando volviese a ver a Madre de nuevo, si eso sucedía, se aseguraría de que se sintiese orgullosa de ella.

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